EL GITANO DE FEDERICO

Un personaje masculino, de nombre inequívocamente gitano tal que Antonio el Camborio, aunque en ocasiones se diría que se llama Amargo; otro femenino, de cuerpo rítmico y grácil, pero acaso sin voz, que unas veces atiende por Pena y otras por Soledad; y un tercer personaje, el Músico, que dialoga con los anteriores por medio de su guitarra. Ellos tres son el alma de El gitano de Federico.

Este espectáculo recorre la presencia del mundo gitano en la obra de García Lorca, haciendo hincapié en sus libros poéticos Poema del cante jondo y Romancero gitano, así como en las opiniones vertidas tanto en cartas privadas y entrevistas como en algunos de sus textos en prosa y conferencias; por ejemplo, Arquitectura del cante jondo, Juego y teoría del duende o Conferencia-recital de Romancero gitano. A esta base que son las palabras de Lorca se añade un panorama de la situación de los gitanos en España a lo largo de la historia, la creación del arte jondo y la relación con la cultura paya para la evolución del flamenco.

Antonio, “voz de clavel varonil”, lamenta que Lorca se haya visto obligado a negar su gitanismo y reducirlo a un tema literario en una conversación con Ernesto Giménez Caballero y una carta a Jorge Guillén. Se duele de que le mate por segunda vez tras haberlo matado primero en el romance, por eso quiere recuperarle lo mucho que aprendió de los gitanos y las hermosas cosas que escribió sobre ellos. Le recordará las reuniones de guitarristas y cantaores en la finca de su padre cuando era niño, su primer contacto con el duende, la fascinación por la fuerza adivinada tras la piel de bronce…

Los estudios de guitarra flamenca con los gitanos Lombardo y Frasquito y la amistad con Manuel de Falla lo llevan a participar en la organización del Concurso de Cante Jondo de 1922. Antonio rememora para él la hondura del cante y su vínculo con la pena y el terror de los gitanos. Se pregunta si Lorca no se sentirá también un desplazado, un alma errante aunque de otra clase, que expresa su jondura mediante la reelaboración de los ritmos populares en torno al Amor y la Muerte.

Si el cante le servía para mostrar el alma, con los romances podía comprometer el cuerpo. La Pena, enseñoreada, impide el goce pleno de los amantes; no hay alegría que llegue a ocultar por completo las heridas. Los gitanos están asentados en un lugar pero no por eso se sienten seguros. Parecen exiliados de sí mismos. Sobre ellos se vierte todo tipo de sospechas.

El gitano comprende el rechazo del escritor y sabe que es falso. Entiende que ha dejado por un momento que el miedo hable por él. Que ha querido evitar el tópico igual que se rehúyen las miradas maliciosas y los comentarios con segundas intenciones. También Antonio sabe que en ocasiones es preciso esconderse y descansar, reposar y recuperarse, pero que uno no puede dejar al fin de ser lo que se es. Y sabe que Lorca sigue siendo tan gitano, tan herido, tan soñador de espacios libres como él.

[Pedro Manuel Víllora-Dramaturgo]

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